¿Cómo le gusta a tu cerebro aprender? Neurociencia de la educación

El cerebro aprende por repetición. Cada vez que escuchamos un mismo concepto o realizamos una misma postura (por ejemplo, al hacer Yoga) reforzamos una y otra vez unas mismas conexiones. Por plasticidad neuronal estas conexiones constantemente reforzadas acabarán siendo una «autopista» en el cerebro, por donde la información fluye a toda velocidad. Cuando esto pasa, sentimos que hemos integrado realmente ese concepto o que podemos hacer esa postura (o movimiento) casi sin esfuerzo.

La repetición es clave, pero ¿practice makes perfection?

Hay quiénes creen que solo practicando, repitiendo una y otra vez algo, llegamos a la perfección. Primero, podríamos reflexionar qué significa realmente «perfección». ¿Es real pensar que podemos llegar a ella?

Por eso a mi me gusta más decir que practice makes progress”. Aunque no sólo basta la repetición para progresar, si no que nuestro cerebro necesita atención en cada repetición. Practicar sin conciencia lo único que hará es automatizar lo incorrecto. Se necesita atención consciente si queremos avanzar.

Otro elemento clave cuando estamos aprendiendo algo es la emoción. Francisco Mora, un gran neurocientífico, dice que: «Sin emoción no hay aprendizaje». Si hay una emoción detrás (motivación, interés, curiosidad,…) nos ayudará a que se quede mejor guardado en nuestra memoria. ¿Verdad qué recuerdas mejor algo que viviste con una carga emocional intensa (como puede ser tu primer beso o una situación en la que pasaste mucho miedo)?

Hay profesores/as que la emoción principal que utilizan para enseñar a sus alumnxs (sobre todo en el pasado) es el miedo o el estrés. A través de estas emociones el estudiante, por temor, permanece atento, sí, pero si estas emociones son muy intensas, según muestran infinidad de estudios, el aprendizaje entonces se ve bloqueado.

Un poquito de estrés porque mañana tenemos un examen, puede ayudarnos a procesar la información de manera más rápida, pero si siento mucho estrés me va a costar mucho comprender realmente aquello que estoy estudiando. De ahí, que muchas veces tras el examen la mayoría de los conceptos se nos olvidan, no han sido realmente integrados.

A veces puede pasar que un concepto nuevo, una postura de Yoga (como una invertida) o un movimiento complejo en una clase de danza, nos de mucho respeto o incluso nos genere miedo o tensión. Ahí, saltan las alarmas del cerebro: se activa la amígdala. Por otro lado, el hipocampo y la corteza prefrontal pierden fuerza. Resultado: nuestro aprendizaje se ve debilitado. Dejamos de escuchar las instrucciones del profesor/a, nos sentimos en tensión y lo más seguro es que no logremos realizar la postura o ese paso adecuadamente, ¿te ha pasado?

En cambio, si la emoción que domina durante el aprendizaje es la motivación, el juego o la curiosidad, ¡es genial! Detrás de estas emociones está la dopamina, se activa el circuito de recompensa. Disfrutamos aprendiendo y la dopamina ayuda a consolidar los aprendizajes. Motivar al alumno/a, generarle interés, es clave para que aprenda realmente. Quizás por eso en el Yoga se repite tanto que mantengamos una «mente de principiante» ¡qué importante mantener viva la curiosidad para realmente seguir aprendiendo y avanzando!

Algo que también ayuda mucho es añadir una pizca de sorpresa, de novedad, en las clases. Presentar algo inesperado y atractivo también activa el circuito de recompensa del cerebro (y libera dopamina). En una clase de Yoga por ejemplo, puede ser cambiar sutilmente un saludo al sol, enseñar una postura nueva (o realizarla desde otro lugar más desconocido), o quizá pueda ser cambiar a los estudiantes de lugar en la sala,… ¡Imaginación al poder!

¡Cuidado! Ahora tampoco es plan de innovar constantemente. La previsibilidad da seguridad y esto le encanta a nuestro cerebro. Lo que si repetimos siempre lo mismo caemos en el piloto automático y cuesta más prestar atención. De hecho, mi recomendación es llegar a un equilibrio donde se presente una estructura ya familiar, o conceptos o posturas que ya conocen (que aportarán calma y control), y a la vez se añada variedad, novedad.

Por último, recuerda que todo se queda mejor guardado en el cerebro cuando la información nueva que estamos aprendiendo puede relacionarse con conocimientos previos ya integrados. Así que si enseñas una postura o un movimiento nuevo, mejor siempre descomponerlo en pequeños pasos o posturas que puedan ser más conocidos, para que pueda ser mejor integrado por nuestro cerebro.

¿Algún otro tip que quieras añadir? Te leo 👇🏽🤗

Si quieres seguir aprendiendo sobre neurociencia te animo a inscribirte en mi Newsletter si aún no estás en ella. 😉

Un abrazo enorme,

Dra. Sara Teller

Sara Teller