A veces erróneamente buscamos la felicidad FUERA y en el FUTURO. ¿Te suena?
Como si para ser felices debemos esperar a que venga «algo» perfecto. ¿Qué venga qué? ¿Qué crees que necesitas para ser feliz?
Quizás en algún momento has pensado cosas como:
“Sería más feliz si ganase más dinero”
“Sería más feliz si tuviera un cuerpo perfecto”
“Seré feliz cuando encuentre el amor verdadero, me case y/o tenga hijxs.”
“Sería más feliz si tuviese más éxito en lo que hago.”
“Cuando consiga X cosa, haga X curso, viaje a X lugar, viva X experiencia, … seré feliz”
¿Alguna vez has pensado algo así?
Si es así, no pasa nada, es normal. Nuestro cerebro tiene unas pulsiones innatas, una forma de funcionar que a veces hace que veamos la felicidad en lugares equivocados. Tenemos «ilusiones» acerca de lo qué es ser feliz.
Estas expectativas en parte están muy condicionadas por nuestra cultura. Por ejemplo, en USA la mayoría de los jóvenes creen que encontrarán mayor felicidad cuánto mayor sea su salario. Aquí en España esta tendencia es menos acentuada pero sigue estando presente. Vivimos en la era del rendimiento y la productividad, y esto trastoca lo qué realmente significa ser feliz.
Para desmitificar un poco estas «ilusiones», vamos a explorar científicamente estos mensajes.
“Sería más feliz si ganase más dinero”
Se ha estudiado muchísimo acerca de si el dinero realmente genera felicidad o no. El estudio más famoso al respecto fue el que publicó Daniel Kanheman, psicólogo galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2002, en el que se vio que el dinero nos aporta felicidad hasta un cierto límite. En el 2010 vio que las personas necesitaban ganar al menos 75.000 $ al año (en España correspondería a unos 30.000 € al año) para ser felices, o mejor dicho, para tener sus necesidades básicas cubiertas (seguridad). A partir de esta cantidad, por más que ganasen no se elevaban los niveles de bienestar emocional diario (sentirse más feliz, menos estresado, menos triste) de las personas.
“Sería más feliz si tuviera un cuerpo perfecto”
Este es uno de mis preferidos porque es sorprendente lo que la ciencia ve al respecto. Te lo resumo rapidito. Básicamente se ve como las personas que reciben alguna intervención quirúrgica o se meten en algún programa para perder peso, acaban PEOR psicológicamente de lo que estaban en un inicio. Aquí te dejo la gráfica de un estudio que se hizo viral en este ámbito, donde se vio que las personas que perdieron peso tras estar a dieta un tiempo se sentían más deprimidas que aquellas que no consiguieron perder peso o incluso lo ganaron.

“Seré feliz cuando encuentre el amor verdadero, me case y/o tenga hijxs.”
Ay, cuántas películas románticas hemos visto y nos han hecho creer que la felicidad está en ese final de «felices para siempre» una vez te has casado. ¿Qué dicen los estudios al respecto? Pues que en realidad el estado civil, que estés casado/a o soltero/a NO afecta a tu felicidad, al menos no a largo plazo. El año antes de casarte y el de después si que estas de super subidón, pero luego al cabo del tiempo, tus niveles de felicidad se estabilizan y acaban siendo los mismos de antes de casarte.
Tener pareja o no, tener hijos o no, son variables un poco más complejas cuando hablamos de felicidad. Al final todo depende. Depende mucho de cómo es la relación con estas personas. En otro post ya te desvelé que el predictor número UNO de la felicidad es justamente las relaciones sociales. Pero no todas valen, todo depende de la calidad de estas. Según el trabajo de la experta en felicidad, la Dra. Sonja Lyubomirsky, una relación cercana, afectuosa y de apoyo sí que genera mayor bienestar, pero una relación conflictiva o fría no aumenta la felicidad (puede incluso reducirla).
“Sería más feliz si tuviese más éxito en lo que hago.”
Según los estudios, los logros profesionales no garantizan mayor felicidad en muchos casos, lo que importa es cómo las personas interpretan estos logros. El éxito laboral no produce felicidad automáticamente, qué pienso y siento sobre el éxito que tengo es lo decisivo (Pan et al. 2013). Lo que sí suele suceder es que mayor logro profesional conlleva mayor responsabilidad, mayor estrés, y menos tiempo personal, y esto puede contrarrestar los efectos emocionales positivos que puedan surgir.
“Cuando consiga X cosa, haga X curso, viaje a X lugar, viva X experiencia, … seré feliz”
Creo que esta es la que más nos atrapa (al menos a mí). Aquí podemos englobar también las que hemos visto antes. Al final es pensar que la felicidad se haya en «algo» que aún no hemos encontrado. Nos sentimos insatisfechos con lo que tenemos, así que se dispara el deseo, la búsqueda constante. Una búsqueda de algo que no está presente aún, que está por venir (futuro). Y caemos en una trampa liderada por la DOPAMINA.
La dopamina está detrás del DESEO. Se eleva cuando anticipamos que tendremos aquello que queremos. Pero, ¿qué pasa cuando conseguimos aquello que creemos que nos aporta felicidad?
Al inicio nos sentimos «felices» (en el mejor de los casos) pero al cabo de nada volvemos a sentirnos igual que antes. Se da lo que se denomina adaptación hedónica. Tu nivel de felicidad vuelve al mismo punto de antes.
El placer tiene fecha de caducidad, no perdura. Pero nuestro cerebro no lo ve. Al revés, dispara la «ansía de más». La dopamina nos dirige a buscar más placer, y ¡así podemos estar en bucle muuuucho tiempo!
Cambiar nuestras circunstancias externas puede hacernos felices durante un tiempo, puede crear sensación de placer a corto plazo, pero la mayoría de veces nos acostumbramos rápido a todos estos cambios. Seguro, que has conocido a más de una persona que parece que lo tenga todo y aún así parece que NO es suficiente, ves que no se siente feliz. Según el trabajo de la Dra. Sonja Lyubomirsky, es porque nuestra felicidad no se haya afuera, estas circunstancias externas solo aumentan un 10% nuestra felicidad.
¡Un 10%!
Quizás ya te lo imaginabas… y quizás te vienen otras expectativas y mitos de la felicidad cómo es que en realidad:
«Seré feliz cuando crea más en mi, cuando me quiera más» (Cuando tenga, por ejemplo, mayor autoestima o mayor autocuidado. Es importante sentirse bien con uno mismo/a pero no lo es todo. En países occidentales hay mucha tendencia en pensar que este es el único lugar donde hallar la felicidad. Y no vemos todo lo demás que hay que nos ayuda también a ser felices.)
«Seré más feliz cuando sea mi mejor versión» (¿qué es ser tu mejor versión exactamente?)
«Seré feliz cuando piense siempre en positivo»
«Seré más feliz cuando me dejen de pasar cosas malas»
«Seré feliz cuando siempre me sienta en calma»
o incluso puedes pensar: «Yo nunca lograré ser feliz».
¿Te sientes identificado/a con alguna de estos pensamientos?
Son de nuevo expectativas de la felicidad que pueden condicionar fuertemente poder justamente sentirla.
si quieres entender porqué el cerebro cae en estas trampas acerca de la felicidad, y cómo poder ganar apertura y claridad en este terreno y saber dónde se haya realmente la felicidad (qué nos hace aumentar nuestro bienestar personal) te recomiendo:
👉🏽Leerte mi nuevo libro «Los siete neuropoderes de la gente feliz» escrito junto a Ferran Cases, publicado el 26 de marzo de 2026 por Grijalbo (Penguin Random House).
👉🏽Apuntarte a mi próximo curso la Neurociencia de la felicidad en Fundación Radika.
Cualquier duda o comentario, te leo!
Un abrazo enorme, y gracias por llegar hasta aquí,
Dra. Sara Teller

