¿No te da la sensación de que nos pasamos demasiado tiempo «mirándonos el ombligo»? Pensando mucho en ¿cómo estoy YO? ¿qué quiero YO?
No digo que esté mal, pero llevado al extremo no es algo que haga mucho bien. O al menos así lo demuestran numerosos estudios neurocientíficos.
¿Sabías que personas que sufren de ansiedad o depresión tienen un diálogo interno muy centrado en el “YO”?
Tienen como obsesión por sí mismas (quizás por el victimismo que pueda darse). Estas personas presentan una hiperactivación de la red neuronal por defecto (divagan mucho). En concreto, la corteza cingulada posterior, CCP, se ve muy activa. Esta parte del cerebro está muy involucrada en el pensamiento sobre uno mismo. El pensamiento autoreferencial está muy acentuado.
Por el contrario, se ha podido observar en meditadores expertos cómo la CCP presenta una actividad muy disminuida comparada con personas que no meditan. Meditadores expertos dan menos peso al “YO”.
Ya decían los budistas: «No YO, no problema».
También se ha comprobado que la soledad (aquella que no es escogida) es perjudicial para nuestro cerebro. De hecho, últimos estudios han hecho el símil que sentirse solo es como fumar 15 cigarillos al día.
En cambio, conectar con las personas aumenta la oxitocina y desactiva el sistema de alarma del cerebro. Cuando nos relacionamos con nuestros seres queridos se activa el sistema de apego del cerebro, que nos hace sentir en confianza y bienestar. Tener relaciones sociales de calidad es el principal predictor de la felicidad según los últimos estudios.
Se ha visto también como ayudar a las personas nos genera incluso más felicidad que compartir un momento de alegría en nuestro día a día. ¡Y no me extraña! Al DAR activamos el circuito de recompensa del cerebro, el del placer, liberamos principalmente endorfinas, que nos hace sentir bien, en bienestar, nos eleva el estado de aceptación y satisfacción vital.
Aunque parece que tendemos a un mundo cada vez más individualista, es necesario saber que vivir en comunidad, ayudarnos unos a los otros, es de las cosas que más nos hace sentir felices y plenos en la vida. El apoyo social, es un gran neuroprotector para nuestra salud mental y un factor clave para superar momentos difíciles, fortalece nuestra resiliencia.
Está bien pensar en uno y verse cuando es necesario, pero ojalá pudiéramos abrir más nuestra mirada, ser capaces de ver más al otro, de acogerlo, de ayudarlo cuando hace falta y dejar de vernos tanto. ¡Ganaríamos más en salud mental y en bienestar personal!
¿Qué piensas tú? Te leo en los comentarios.
Si te apetece más saber sobre neurociencia aplicable en tu día a día. Puedes incsribirte a mi Newsletter, y así ¡no perderte nada! 😉
Gracias por leerme y compartir.
Un abrazo enorme,
Sara

